miércoles, 23 de diciembre de 2015

La Turba (Me Te) Vota, La Turba (No Me No Te) Ama



   Un título de un escrito es una síntesis de la filosofía o temática que se pretende dar a conocer y, como tal, ha de ser consecuente con lo que se redacta. De esta forma, el título de esta entrada, ofrece una idea sobre lo que pretendo tratar: conjeturas, dobles verdades, mentiras a medias, confusión, demagogia, prepotencia, vacuidad, temporalidad… todo ello referido, como obviamente se deduce, a la política y las consecuencias de ésta en la sociedad.
   La política es ese entramado indescifrable de ideas contrapuestas explicadas de formas ambiguas y con más de un significado posible, ya las expresen unos, o las expresen otros o las expresen los de más allá, y más si cabe, cuando las mismas personas afirman una proposición y su contraria. Pero no siempre fue así. Hubo tiempos en los que la política se inventaba, se hacía y se discutía con unos fines generales buscando el bien común pero sin ser una extravagancia. Porque la política, aunque no lo aparente, la hacen personas para personas. En la actualidad, y me refiero al siglo XX y posterior, se hacen grandes discursos sin contenidos específicos, vacíos e inertes porque los políticos del siglo XX contextualizaron ideas de su entorno con el marco de la época del nacimiento del pensamiento y la crítica, el marco del imperio Romano.
   La mayoría de los discursos de líderes como Marx, Lenin, Hitler o, más recientemente, Fidel Castro, por citar solo algunos, poseen la estructura de los grandes discursos de pensamiento de la gran Roma, los cuales iban dirigidos hacia una política militar de expansión del imperio y su defensa pero, salvo los discursos de Hitler o el chino Mao a las enfervorecidas masas, todos esos otros grandes líderes (grandes por su autoritarismo) hablaban de ideas no militares en un marco dialéctico preparado para un fin concreto, como era el del imperio Romano. Hitler sabía esto último y exprimió este método al máximo debido a que sus intereses eran puramente bélicos, al igual que los intereses de Roma. Los discursos de Hitler, incluso sin entender el idioma, provocan miedo, estupor, confianza… en definitiva, son creíbles para el populacho, para la turba porque estaban enmarcados y afianzados en un ámbito puramente militar, prebélico y con una consigna básica que siempre mueve los corazones de los oyentes: `otros nos humillaron o nos vencieron, nuestro pueblo ha de reclamar lo que es suyo´. El grandísimo Alejandro Magno o Napoleón, por ejemplo, no utilizaron esa dialéctica belicista con fines políticos.
   Hoy en día, la política moderna se sigue basando, en sus formas de expresión, en esas estructuras cuasi-militares de ofrecer al pueblo lo que anhela pero con los tintes modernos que ofrece la macroeconomía y las no ansias de expansionismo físico, la conquista de territorios, por lo que esas políticas modernas están fuera del contexto para el que fueron creadas, es decir, se debe dar cabida a nuevas formas de llegar al pueblo eliminando las ataduras de un marco claramente no actual.
   Pero, y aquí está la clave, los políticos modernos no saben hacer llegar a los ciudadanos sus macroideas porque, no lo olvidemos, las sociedades modernas actuales basan sus políticas en la macroeconomía de cada nación, que no acepta idearios pretéritos teóricos imposibles de llevar a la práctica de forma eficiente.
   ¿Qué mecanismos articulan entonces los políticos modernos para tratar de convencer a sus ciudadanos sobre sus macropropuestas? La confusión, la demagogia, la vacuidad en lo que se dice… para que la turba dude y no pueda dilucidar de forma individual si una idea o un razonamiento político le es favorable o no. Este es el cáncer que, desgraciadamente, acecha a las democracias modernas y a sus clases políticas, sean dirigentes o no. Una vez cada cual en el poder, hará y deshará a su antojo, como se ha demostrado en las últimas décadas en los países avanzados, sin tener en cuenta ya a sus inocentes seguidores que quedaron prendados de unas ideologías difuminadas en la nada aunque, eso sí, para alegría de sus palmeros y parroquianos.
   Las clases políticas modernas no pueden basar sus discursos y sus macroideas en planteamientos arcaicos de comunicación con los ciudadanos porque el populacho no es capaz de asimilar conceptos confusos o de falsa certidumbre extrayendo de ellos la esencia última para poder así formarse una idea sobre si se adecúa, según su criterio, a la sociedad en la que vive y, menos aún, si se le bombardea desde todos los ámbitos políticos cuyas únicas pretensiones son atraer su voto para obtener el poder. La política moderna honesta y honrada prácticamente no existe porque ha de ser clara, dirigida a la sociedad, con transparencia absoluta, consensuada y basada en la macroeconomía, descartando propagandas vacías y confusas y sin discursos oscuros y no constructivos. Esa política moderna todavía no ha llegado a las sociedades modernas civilizadas y, para que llegue, es vital sabre comunicar.
Si la turba me vota, la turba no te ama.
Si la turba te vota, la turba no me ama.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Ultrafondo: Acercamiento a la Meta-libertad



   El puritanismo filosófico del concepto de libertad es muy complicado de objetivizar, tal y como sucede con los conceptos netos de verdad, justicia,e incluso el concepto de política. La filosofía clásica se aproxima casi matemáticamente a lo absoluto y abstracto de dichos conceptos puros aunque, como es evidente, incluso en temas de esta índole se verifica el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, es decir, el simple hecho de tratar de llevarlos desde su estado abstracto y puro a la realidad del ser humano, es suficiente para que se incluya en el propio concepto la subjetividad propia del individuo o del colectivo que desea llevarlo a cabo. Esa traslación desde el magma de los conceptos abstractos, puros, metafísicos, ese universo inalcanzable y tan anhelado por el ser humano desde el principio del pensamiento abstracto, ya tergiversa de por sí, el concepto aplicado a la realidad del hombre en su relación con la sociedad en la que habita. La propia traslación, si la consideráramos como una función matemática, introduce una variable, un “coeficiente de incertidumbre”, que enturbia, que ennegrece, que empaña el concepto propio y puro.
   Como he comentado anteriormente, la libertad es uno de esos entes abstractos que se difumina cuando se pretende aplicar a la realidad del ser humano. Bien es cierto que, las sociedades avanzadas actuales aparentan tener la panacea de la enfermedad del ser “no libre” limitándose a la libertad física y obviando la libertad más importante: la libertad meta-física. Esta libertad “meta”, como todos los sustantivos “meta”, no tiene fronteras y el hombre jamás, repito, jamás, podrá imponerles límites, bien sean temporales o atemporales. La libertad física es la que puede manejar, con efecto placebo, qué duda cabe, la sociedad actual. En esta última libertad es en la que se basa esta reflexión y me referiré a ella tratando de explicar uno de los eslabones entre ésta y aquella (la libertad “meta”) mediante el deporte.
   El ultrafondo consiste en realizar esfuerzos físicos de carácter ultra en una sola serie, sin intervalos, es decir, yendo más allá del límite último de un deporte concreto de una sola vez. Por ejemplo, una prueba de natación de ultrafondo sería nadar 5 kilómetros o más, una prueba de ultrafondo en bicicleta sería realizar 200 kilómetros o más, o una prueba de ultrafondo de carrera a pie sería correr de forma continuada durante 6 horas o más, o correr más distancia que la de una maratón clásica, es decir, más de 42 kilómetros de forma continua. Nótese que no he usado el verbo `competir´ ya que no es necesario estar inmerso en una competición oficial para hacer ultrafondos.
   Con todas las aclaraciones de los párrafos anteriores, afirmo que el ultrafondo de la carrera a pie es el que más se aproxima al concepto “no-meta” de libertad y es el eslabón entre la libertad física y la meta-libertad sin, ni siquiera, poder conocer con rotundidad el concepto “meta”, tal y como expliqué con anterioridad. Evidentemente, la afirmación anterior es subjetiva y solo aplicable personalmente, ya que otros individuos tendrán otros sustantivos que les conecten con la meta-libertad, que es única. La distinción entre individuos de la misma especie animal es la que consigue los distintos sustantivos y, por ende, los distintos eslabones hacia el concepto único, ya sea la libertad, la verdad, la justicia, la política, la ética, el respeto, la razón, etc.
   Afirmo que cualquier persona con una salud estándar puede hacer ultrafondo de carrera a pie sin necesitar una alta preparación. Tal es la sencillez. ¿Por qué? La razón está en la mente del individuo y en su capacidad para el esfuerzo suave continuado. No hay metas, no hay fin, el límite lo pone la mente del individuo y no el cuerpo físico y esa es la razón de poder establecer el eslabón mencionado anteriormente, de ahí que la libertad sea de un nivel superior a la libertad física, puesto que las limitaciones del cuerpo, en cuanto a esfuerzo de la carrera a pie, son directamente proporcionales a la capacidad mental del individuo para sobrellevar un esfuerzo suave aunque continuado.
   Recuerdo, como ya comenté en esta entrada , que correr no es un deporte, es una habilidad del ser humano y de algunos animales, por lo que correr a edad adulta simplemente supone un recordatorio genético, si se me permite tal expresión. El giro que hace la sociedad para imbuir a sus individuos de que correr es un deporte, es un engaño. Existen deportes que se basan en correr, la mayoría, pero no existe la carrera a pie que se base en el deporte, tomando a éste como ente intangible.
   Volviendo al tema en cuestión, la capacidad de recorrer “x” distancia de forma continua con el método de la carrera a pie, conlleva una preparación mental más que una preparación física específica. El ultrafondo desliga al cuerpo de esos pequeños dolores que van apareciendo con el paso de la distancia y el tiempo, esas leves molestias que son las que hacen que a la mayoría de los corredores habituales les bloquee la mente y prefieran la seguridad de parar ante lo desconocido de continuar. Continuar establece en la mente un mecanismo de superioridad frente al cuerpo, que inhibe los pequeños dolores y las pequeñas molestias y lleva al cuerpo a no padecer y a la mente a un estado placentero de enturbiamiento con un efecto túnel con respecto a las limitaciones físicas como seres físicos. Esto se traduce, en mi caso particular, al llegar al kilómetro 50, aproximadamente. A partir de ahí, la propiocepción (sucintamente, es la capacidad del cuerpo para adaptarse al medio) es total, la eficiencia energética está en equilibrio y el cerebro disminuye las actividades secundarias (observar el paisaje, tocar la ropa,..) para dar paso a una sensación indescriptible de paz interior aderezada con soledad, pensamientos puros y mirada al infinito. Ese cúmulo de sensaciones se acerca mucho al concepto de meta-libertad comentado en párrafos anteriores, un concepto subjetivo, obviamente.
   Esa libertad física de parar cuando el individuo quiera y esa meta-libertad se acercan vertiginosamente en el ultrafondo de carrera a pie, fundamentalmente en asfalto aunque sin menospreciar la montaña. La persona como ente físico no debería perder la oportunidad de intentar acercarse lo más posible a la meta-libertad, que es la esencia de la libertad espiritual, lo que, en definitiva, se persigue desde el mismo instante del nacimiento hasta la muerte por estar anclados en un cuerpo físico y, por tanto, limitado. La frustración que subyace en el subconsciente dura toda la vida, está latente, aunque escapemos mentalmente a otros planetas, otros universos, al fondo de un volcán, a la cima más alta, al interior de una célula, o al interior de una estrella, nuestro cuerpo físico nos limita y, así, nuestra libertad está limitada. El ultrafondo desactiva parte de esas limitaciones y nos acerca a la meta-libertad.
   Si has llegado a leer hasta aquí, te lo agradezco y espero que hayas comprendido el concepto que deseaba transmitir con esta reflexión en voz alta. Yo lo he experimentado y lo recomiendo, porque no deseo nada malo para mis prójimos, solo experiencias buenas y que nos hagan crecer como personas.

viernes, 4 de diciembre de 2015

El Voto en Blanco (Revisited)

   Una vez más, los sufridos españoles tenemos la oportunidad de elegir a los que manejarán nuestro dinero durante los próximos 4 años, 2016-2020 y, una vez más, la importancia de votar es indispensable. Vuelvo así a la entrada de este enlace para mencionar la forma de voto más olvidada por ser una forma castigadora y que no le interesa a ningún político. Casi no tiene uso y no se informa sobre esta forma de expresión política de los ciudadanos pero es tan legal como votar "no en blanco" y, en poblaciones pequeñas con derecho a voto es mucho más eficiente que en grandes circunscripciones.
   La entrada a la que dirige el enlace da una visión personal sobre el voto y creo que merece la pena leerla. Siempre la uso ante cualquier elección, ya sea local, regional, nacional o europea porque siempre que el ciudadano vote, tiene el derecho de elegir que su voto sea en blanco o no, es una decisión personal y debe estar informado al respecto.