lunes, 11 de enero de 2016

Anarquismo Antisistémico Crónico



   La cronificación de una enfermedad se puede deber a distintas causas entre las que se pueden destacar la desidia, la desinformación o la nula sintomatología. De lo que trata esta entrada es de eso, de una enfermedad. Porque el anarquismo antisistémico es, en sí mismo, una enfermedad latente de ciertos sectores de las sociedades modernas y, como dato importante, con cierta fluidez económica. El acto de no hacer nada implica el hecho de no querer hacer nada, por lo que el anarquismo deriva en un sustantivo antisistémico y anti-lo-que-sea, lo cual se reduce al absurdo, matemáticamente hablando, por definición.
   Y, siguiendo con el argumentario matemático, el método de reducción al absurdo es un mecanismo sencillo que permite probar ciertos hechos construidos con lógica proposicional: ante una proposición lógica que se pretende demostrar de forma abstracta, se plantea la proposición contraria y, mediante argumentaciones lógicas, se llega a igualdades o similitudes entre proposiciones opuestas, de lo que se concluye que la hipótesis inicial (la contraria de la que se pretende probar) ha de ser falsa, con lo que, si una proposición es falsa, su contraria es verdadera y se demuestra así lo que se pretendía en un principio. Todo esto basado en la lógica clásica, sin planteamientos de lógica difusa o lógica fuzzy.
   Así pues, los enfermos latentes de anarquismo antisistémico, sin posibilidad de ser tratados por la medicina moderna, se ven abocados a la cronificación de su cuadro sintomático por propia desidia, ya que, hoy en día, la desinformación es casi inexistente y la sintomatología es muy evidente. Me refiero tanto a las sociedades occidentales como a las orientales porque la enfermedad no entiende de orígenes o filosofías de vida, la enfermedad se manifiesta crudamente en los irreverentes.
   Esa irreverencia hacia los demás y hacia cualquier atisbo de escala de valores general, potencia el caos no reglado de pensamientos, sentimientos y actitudes (¡incluso el caos tiene reglas!) y provoca el rechazo automático hacia lo que no se puede manejar pero que sí se comprende; es el miedo más básico que existe, la actitud ante lo conocido que no se puede dominar.
   Es un esfuerzo baldío e inerte, una incongruencia, una distopia permamente e inaguantable, lo que sufren los anárquicos antisistémicos porque nunca podrán lograr su objetivo y, como consecuencia primera y evidente, son colectivos frustrados, amargados y plañideros en su foro interno aunque se muestren exultantes y ambiciosos de cara a la sociedad. Es una lástima.
   Pero, no es solo que la enfermedad les coma por dentro, ¡hayá cada cuál!, sino que intentan transmitir a cualquier otro colectivo, que sus creencias, sus distopias y su caos caótico como forma de vida, es la única que sirve para ser feliz y estar en paz consigo mismo y con sus congéneres y esas características están bien definidas y estudiadas por la ciencia: se denominan sectas.
   Por tanto, y para acabar y, simplemente, marcar unas pinceladas sobre este interesante tema y no desarrollar más esta entrada, aunque se podría escribir y debatir con mucha más profundidad, esta enfermedad mental trata de desvirtuar y anular unas reglas que, por sí mismas, permiten que estos enfermos crean que pueden llevar a cabo sus propósitos, es decir, matemáticamente, sería como comparar esta situación con la paradoja de que exista un conjunto que esté dentro de sí mismo pero sin ser igual al conjunto que lo contiene.
   Enfermedad incurable pues, no tratable médicamente y contagiosa aunque el contagio es por vía auditiva en forma de engaños, falsedades y ensoñaciones sobre situaciones a posteriori, en definitiva, el absurdo, incluso matemático, en grado sumo pero, siendo una persona normal, informada, con espíritu crítico y amplia visión de su entorno, no hay peligro de contagio, casi con toda seguridad...

sábado, 2 de enero de 2016

Game of Thrones: el Marketing Funciona



   Como ser-ente escéptico y crítico que soy, procuro abstraerme de toda la información que, se quiera o no, nos ofrece este mundo globalizado-enrredado-internetado sobre cualquier temática, sea la que sea y se esté donde quiera el Dios de cada uno, que uno se encuentre y, sí, soy capaz de inventar palabros como el de antes sin que me duela ni una pestaña.
   Por ello y hasta ahora, he obviado, como intento hacer siempre en cuanto a series televisivas se refiere, cualquier atisbo informativo sobre la serie “Game of Thrones” porque mi lema es que, al acabar cualquier serie que me atraiga, descargarla de internet y verla lo más seguida que me sea posible, para no perder ni el hilo argumental ni ningún detalle relevante que desaparecen, ambos, si se visualiza dicha serie en los intervalos temporales que nos ofrecen las televisiones en las que se emiten. Incluso de esta forma, no pude pasar desapercibidos que, en “Game of Thrones”, sale unas estupendas mujeres, un guerrero que se llama montaña y un enano con la lengua afilada, y ningún detalle más hasta que comencé su visionado, tal y como se debe hacer, 4 años después de su estreno mundial.



   Mi querida HBO, que tan mal acostumbrados nos tiene a sus fieles palmeros-parroquianos con excelencias como “The Sopranos” (sí, soy fetichista con esta serie de la que he escrito algunas entradas en este blog), ha perdido muchos enteros con “Game of Thrones” tal y como relataré a continuación, brevemente.
   Alguien me comentó que hasta el capítulo 4 ó 5 de la primera temporada (recuérdese que cada temporada consta de 10 episodios, es decir, el 5º es el ecuador de cada temporada) no sucede nada, pero que, a partir de ahí, cae uno en sus redes sin remedio posible… he aguantado hasta el capítulo 6 y sigue sin pasar nada relevante para un globo tan, tan, pero tan, hinchado como es esta serie de televisión.
   Obras maestras como las del pódium “The Sopranos”, “The Wire” y “Breaking Bad” (sin estar necesariamente en ese orden) ya te dejan K.O. incluso desde antes de concluir los episodios pilotos correspondientes y, obras no tan maestras pero grandísimas como (las primeras que se me vienen a la mente) “Mad Men”, “Forbrydelsen”, “Twin Peaks”, “House of Cards”, “American Horror History”, “Six Feet Under”, o cualquier otra de un elevado nivel, y no me refiero, por ejemplo, a “Lost”, también enganchan de forma irremediable y con prontitud, como debe ser.
   Quiero hacer un inciso sobre la serie “Forbrydelsen”. Es (fue) totalmente desconocida en España y muy poco conocida fuera de su país, Dinamarca, pero, aún así, se hizo un remake americano llamado “The Killing”, lo que da pie a pensar en la calidad de la original, que es tal que la primera temporada (nada más y nada menos que 20 episodios de 1 hora de duración) está, sin duda, en ese magnífico pódium que comenté en el párrafo anterior. Lástima que las temporadas 2 y 3 fueran a menos (eso significa una nota de 8,… sobre 10, ahí es nada, comparada con la nota 10/10 de la primera temporada). Es difícil encontrar información fiable sobre la serie original y es muy complicado encontrarla para descargar y en castellano pero aseguro que merece el esfuerzo la búsqueda. Exhorto al lector a que caiga rendido a los pies de la implacable Sarah Lund…
   Volviendo al tema en cuestión, salvo la sangrecilla y las desnudeces del primer capítulo de “Game of Thrones”, todo lo demás es plano, lineal, farragoso, con un caos absoluto en la presentación de los personajes, los cuales, hasta el capítulo 6, hasta donde he llegado, carecen de su correspondiente arco, y no son creíbles los escenarios ni los físicos de todos los que aparecen en pantalla salvo, quizás, el rey y su lugarteniente. Por cierto, tardé más de 2 ó 3 capítulos en enterarme de qué era la `mano del rey´ o el `embarcadero del rey´ y eso no engancha al potencial espectador.
   Creo que es una serie en la que no pasa nada, dicho esto último al estilo de la `en “Mad Men” no pasa nada´ pero, para que no pase nada, me quedo, subjetiva y objetivamente, con el inefable Don Draper y el mundo que le rodea porque, para dragones y espadas ya estuvo y está el universo de Tolkien, que no es poco así que, ¿quién quiere más luchas entre reinos, con monstruos e intrigas indescifrables? Si Tolkien te resulta breve, siempre puedes coronarlo con las películas “Wilow” (¡también sale un enano!), “Los Señores del Acero”, “Excalibur” o “Legend”, por citar algunas excitantes y de obligado visionado.
   De ahí el título de esta reflexión: en “Game of Thrones” ha funcionado y funciona muy bien el cómo se vende una serie de televisión, al igual que sucede con “The Walking Dead” (serie B de zombies de los ´70 recauchutada para el siglo XXI) o sucedió con “Lost” (la cual odio con toda mi alma o con una gran parte de ella) pero, volviendo a "Game of Thrones", algunos espectadores entre los que me incluyo, queremos ver algo más que tetitas, culetes, follisqui y sangrecilla en una serie seria de televisión, que tenga ese toque, ese punch que te haga no querer parar de verla y estar pensando en ella el tiempo que no estás viéndola y “Game of Thrones” no lo tiene. Pero esto es sólo una opinión…