miércoles, 31 de agosto de 2016

La Primera Noche (Las Casualidades No Existen)

   Hace unas semanas, una persona muy especial en mi vida, me dejó un libro de Álvarez Ortega sobre el simbolismo francés, su importancia y la influencia que posteriormente ha tenido en la literatura europea contemporánea. El autor esgrime un prólogo de 30 páginas explicando, profundamente y con gran conocimiento sobre el tema, el nacimiento de este movimiento literario y sus autores más reconocidos, entre los que están Baudelaire, Lautreamont, Verlaine, Mallarmé, Rimbaud y un largo etcétera.
   Al devolverle el libro, el separador de páginas era pequeño y no quise ponerlo entre la portada y la primera hoja por si se perdía, así que abrí el libro al azar y lo introduje a la mitad porque es menos probable que se extravíe de esa forma.
   Al llegar a casa, me comentó que abrió el libro por la página en la que estaba el separador pensando que yo lo puse ahí para que lo leyera, y lo leyó. Al acabar pensó que me identificaba plenamente con ese poema y que por esa razón quise que lo disfrutara de nuevo. Cuando me contó esa anécdota, yo no daba crédito porque mi intención nunca fue esa, simplemente el destino quiso que en esa página acabara puesto el separador por miedo a que se perdiera.
   A continuación reproduzco dicho poema de Jules Laforgue que, efectivamente, identifica plenamente mi forma de escribir con la temática de la muerte, la decadencia, los gatos... Cuando tuve el libro en mis manos no leí a ese autor ni a otros que aparecían porque es un libro extenso y me dediqué más a los mencionados anteriormente. Menos mal que el azar, el destino, y esa persona han querido que conozca esta pequeña joya.

La Primera Noche

He aquí que llega la dulce noche para el lúbrico anciano.
Mi gato Mürr, agachado como una esfinge heráldica,
Contempla inquieto con sus fantásticas pupilas
Ascender por el horizonte la clorótica luna.
Es la hora en que el niño reza, en que París-Lupanar
Arroja sobre las aceras de todos los bulevares
A las muchachas de senos fríos que bajo el gas descolorido
Vagan olfateando con la mirada un macho al azar.
Yo, cerca de mi gato Mürr, pienso ante mi ventana.
Pienso en los niños que en todas partes acaban de nacer,
Pienso en todos los muertos enterrados en este día.
Y me imagino que estoy al fondo de un cementerio
Y me pongo en el lugar, entrando en su féretro,
De aquellos que van a pasar allí su primera noche.