martes, 21 de julio de 2015

Entorno Hostil

   Hace unos días tuve que explicar cómo actúa la energía potencial y la energía cinética sobre el cuerpo humano en movimiento, lo que se denomina “cinemática del movimiento de una masa puntual”, la energía mecánica total que depende de sus dos componentes, energía potencial y energía cinética, no siempre en equilibrio mutuo. Es decir, en muchas situaciones existe nula energía potencial (una masa puntual a la que no se la somete a cambios de altura, por lo que la energía mecánica total es solo la energía cinética) y otras muchas que no poseen energía cinética, tan solo potencial, y me di cuenta rápidamente y de forma automática que el cuerpo humano como ente físico se interrelaciona con un entorno que le es hostil por naturaleza pero también le es hostil por voluntad propia, es decir, el hombre ha creado y desarrollado entornos y sistemas dinámicos no favorecedores para el propio desarrollo humano, lo cual es una clara contradicción como concepto en su propio origen. En las siguientes líneas voy a tratar de dar una explicación entendible de esta tesis que es realmente evidente analizándola con detenimiento.
   Los seres vivos, por regla general, se adaptan al medio en el que sobreviven sin necesidad de transformar ese entorno para conseguir beneficiarse más aún de él salvo casos excepcionales como los bosques de corales marinos o bancos de algas que agotan totalmente los recursos en los que se hayan (eliminan el oxígeno del agua en la que viven haciéndola inhabitable para otros seres marinos), las plagas subsaharianas de langostas u hormigas que arrasan los ecosistemas por los que pasan, y algunas pocas excepciones más. En estos casos, esas ingentes cantidades de individuos de una misma especie se compensan con el entorno en el que se desarrollan por la ley que rige el modelo depredador-presa (ley o sistema de Lotka-Volterra) que garantiza que el crecimiento de la población del depredador no sea exponencial y que se mantenga en equilibrio.
   Sin embargo, el ser humano, siendo una de esas excepciones mencionadas anteriormente, tiene un desarrollo poblacional equilibrado pero siempre creciente (salvo guerras o catástrofes naturales) que hace que explote el entorno en el que habita sin que su población se resienta en apariencia, creando así una huella ecológica insostenible y convirtiendo en inertes los ecosistemas que explota y agota, creando entornos hostiles que se vuelven en contra de ese desarrollo humano para el que fueron creados.
   Por otra parte, el ser humano es débil por su naturaleza con respecto a los sistemas que explora, explota y agota: es el único ser vivo del planeta que está presente en todo el planeta sin importar si son lugares muy fríos o muy cálidos, sin que la especie se haya adaptado de forma genética a esos entornos, por lo que cualquier ecosistema del planeta es potencialmente hostil para la vida humana de forma natural, sin desarrollar artificios. Es decir, el ser humano no podría sobrevivir sin prendas de abrigo en lugares “relativamente” fríos como los polos o altas cumbres, ni en entornos “relativamente” cálidos como los desiertos o las grandes selvas tropicales, ni en condiciones de radiactividad como sí lo hacen algunos seres vivos, ni con altas presiones como sucede en los fondos oceánicos, repletos de vida animal perfectamente adaptada a un medio totalmente hostil para el hombre como es el agua (sin la que no podría vivir, por otra parte). El entrecomillado anterior se debe a que, con una diferencia de unos pocos grados centígrados alrededor de cero, el punto de congelación del agua, el ser humano ya no puede vivir: por ejemplo, a 100 ºC ó a -100ºC no es posible, de ninguna forma, la vida humana pero un intervalo tan pequeño resulta insignificante para las temperaturas planetarias y, no digamos, para las temperaturas exteriores a cualquier planeta o cuerpo celeste, comentario extensible a condiciones de altas presiones, radiactividad o corrientes eléctricas, por citar las condiciones adversas más conocidas (temperatura, presión, electricidad y radiactividad).
   Resulta curioso, como poco, el hecho de que el ser vivo del planeta que menos adaptado está al medio, sea el que lo domina, lo explota y lo destruye a su antojo, creando artificialmente entornos hostiles como son los relativos a la radiactividad, por ejemplo (quiero hacer notar que estoy a favor de la energía nuclear como comenté en la entrada Energía Nuclear Sí).
   Sin ir más lejos, a nivel cotidiano, todo lo que nos rodea es hostil: un enchufe, un ligero roce de un cuchillo en la piel (produce heridas o cortes profundos), una simple caída de unos pocos metros de altura puede producir graves fracturas, la comida cruda se limita casi a frutas y verduras porque el sistema digestivo humano no está preparado para digerir otros alimentos crudos, tan solo varios días sin beber agua puede provocar la muerte del ser humano, debemos alimentarnos varias veces al día cuando existen animales que permanecen meses e incluso años sin ingerir alimentos, necesitamos cuidados permanentes y unas condiciones ambientales ideales durante los primeros meses de vida para sobrevivir, el ser humano no podría vivir sin dormir con regularidad, y un largo etcétera lleno de fracasos del ser humano a nivel de adaptación a los ecosistemas del planeta que habita.
   Pero lo más chocante es la longevidad del hombre: sin los medios médico-sanitarios actuales, la esperanza media de vida se vería reducida a la mitad, en torno a los 40-45 años, muy por debajo de la esperanza media de vida de muchas especies animales que nos rodean: tortugas, elefantes, ballenas, reptiles, monos (tan parecidos al ser humano y sin medios médicos), etc.

   En definitiva, el ser humano sobrevive gracias a la sociedad actual porque ésta le aporta todo lo necesario para evitar la mayoría de las hostilidades propias del entorno que le rodea pero, a su vez, esa sociedad protectora, proporciona al hombre otros entornos hostiles y potencialmente mortales sin los que tampoco podría sobrevivir. La conclusión es pues, que todo es una gran contradicción y que el ser humano se cree que es el último eslabón de la gran cadena de seres vivos del planeta pero realmente es uno más sin ninguna virtud a destacar en cuanto a supervivencia pura respecto a los distintos y variados ecosistemas que forman el planeta, tal y como expuse anteriormente. ¿Y queremos conquistar mundos?

jueves, 9 de julio de 2015

¿Fernando Arrabal Está Loco?

   Don Fernando Arrabal es el loco más cuerdo de este mundo de pantomima y egocentrismos en el que vivimos/habitamos/sufrimos día tras día arrastrando nuestra supervivencia entre escasos momentos felices de locura y paranoia post-moderna. Cada entrevista suya es una explosión orgásmica de primaveras verborréicas, de locuras sanas, de ocultar traumas mentales, y todo eso teniendo en cuenta que el noble señor viste y calza 82 años, bendito ancianito.
   Este señor nos regaló el momento más loco y buñuelista de la historia de la televisión con aquella entrevista/diálogo en la plenitud de su delirio etílico. Algo para enmarcar y absolutamente atemporal cuyo visionado es de imperiosa obligación. No recuerdo la temática, ni la lírica ni las posturas semánticas/sintácticas/lógicas de los contertulios pero sí recuerdo aquel menudo hombrecillo vestido con un jersey/rebeca de los que se llevaban en la época, dos o tres tallas más grande que su menuda persona, con las gafas a lo loco y el pelo alborotado y con esa actitud del “puntillo” en la que se suelta todo lo que viene a la mente y más. Son imágenes para el recuerdo con risas calladas, de una televisión inocente y cercana donde daba gusto estar sentado frente al televisor sin necesidad de cambiar de canal, esa televisión pre-zaping.
   En contrapartida, estaban esos programas serios y ajustados cual ceñido corsé que no deja respirar pero que eran muy interesantes y educativos. El más representativo fue el programa-debate “La Clave” con José Luis Balbín, que congregaba a doctos tertulianos intelectuales reunidos en una suerte de escenario abierto encabezado por el señor Balbín, en el que debatían alguna temática concreta posterior al visionado de una película basada en dicho tema a tratar. Mi corta edad de aquel entonces no me permitía entender algunas de las cosas debatidas por aquellas mentes pensantes y bien vestidas pero recuerdo que alucinaba con aquel programa que acababa a las tantas y media. Pero, eso sí, los sábados por la mañana estaba delante del televisor para ver/admirar “La Bola de Cristal”, otro gran clásico cuyo visionado actual es enorme a través del bendito youtube.
   ¿Qué tienen en común el señor Arrabal y el programa “La Clave”? Que eran debates de personas muy cultas, educadas y con sentido de la decencia. Aquella televisión ya no existe para desgracia de los que la disfrutábamos. En la actualidad existe otro tipo de televisión dirigida al vulgo, al espectador no-pensante, a la oveja que se deja llevar, al consumista y al retrasado, es decir, a la gran mayoría de la población de este y otros países.
   Quiero que vuelva ese aire fresco de don Fernando Arrabal sin saber bien lo que salía de su boca y discutiendo en un estado de no-sobriedad evidente y quiero que vuelva “La Clave” para que haya debates de alto nivel sobre temas interesantes y que en éstos no se metan los unos con los otros y que dejen hablar a cada tertuliano y que exponga sus argumentos sin ser interrumpido tal y como sucedía en el programa del señor Balbín y tal y como no sucede en la televisión actual.

   Don Fernando Arrabal no está loco y, si lo está, es el loco más cuerdo que conozco porque es un loco sin maldad, con inocencia en la mirada, respetando para ser respetado y, evidentemente, un referente literario actual y con más sabiduría y experiencia que muchos que se jactan de tenerla.

Escritura Automática

   Matar. El reloj que marca las 13:55. Una figura de jade rematada con oro. Un animal me mira y se aleja. Matar, sexo, matar, sexo, sexo, matar, matar. Olor a madera. El agua que fluye libre y relajante. Calor y frío. No siento nada. Una carretera desierta que va de un punto A a un punto B y yo caminando por el centro, desnudo bajo la lluvia. La oscilación constante del péndulo. Amanece y llora una niña rubia con tirabuzones, de ojos azules, con zapatitos de charol, medias blancas, vestido rosa con vuelo y lazo azul en el pelo, con churretones en la cara y las manos sucias, al lado de su madre que no le hace caso. Puta zorra. No siento nada al ver la decapitación sin censura de Jim Foley. Nada. La suerte está echada. Sexo con mi vecina. Dios y Lucifer se dan la mano. Agua bajo los pies. Se encasquilla el fusil pero me acerco y le inserto la bayoneta a mi jodido enemigo en el corazón. Wall Street. Recepción de gala, ¿esmoquin con tirantes o con faja? Si es perpendicular entonces no me interesa. Matar y sexo. Estoy aquí y estoy en Marte y en el centro del Sol. Dios dando clase. Un hombre destructor de mundos. La cabaña en el bosque y un chardonnay carísimo sobre un tronco de madera seca. Tengo hambre. Sueño que soy un número y quiero ser como Pi. Fan del mejor grupo musical. Un barco me habla. Matar. Más sexo. Hace tres generaciones quise comer chocolate. Velocidad y comida. No quiero ser mejor que nadie. Me aburres. Sexo con mi vecina mientras su marido mira. La libertad de la cárcel. Diógenes y su síndrome. Estás en el Polo Norte. Veré cosas que no querré ver. Deshidratación. Dinero. Matar. Matar. La vida sin ruido. La tía buena que vi ayer tampoco estaba tan buena. Tortilla de patatas con cebolla. La marea se lleva la playa. Un traje de Armani azul marino. No sé si debería publicar esto en el blog. Sexo gratis. Debería relacionarme con otras personas pero me aburren. Tarzán sin Chita. Un extraterrestre me mira y me pide perdón pero no le perdono aunque le olvido. Sexo. Mejorar. Anoche fue como ayer. Un piano blanco de cola tocado por Mozart. Formas lujuriosas. Una raya de coca. Sábado por la noche y me preparo para salir. A matar. A sexo. Montañas nevadas. Desnudo. Tráfico de influencias. Un jersey de cachemira. Te regalo diamantes pero sé que son falsos. Pintar un cuadro. Escribir. Un cuadro rojo con rayas negras. La letra Z. Visiones del abismo. Quiero sexo. Hablar veinte idiomas para no decir nada. Bobby Fisher mira cómo juego. Buda... 
   Estoy volviendo a ser consciente y ya estoy pensando lo que escribo aunque todo lo anterior lo dejaré tal y como está pero siento un poco de vergüenza. Dejar la mente en blanco y abrirse a las imágenes y sensaciones que afloran como con vida propia no es fácil. La idea es precisamente esa, dejar volar la imaginación para expresar nuestros pensamientos ocultos, que no siempre son los más deseables desde la lógica y la consciencia. Ayuda psiquiátrica se puede derivar de leer escrituras automáticas en personas con voluntad de ser ayudadas y es un método complementario para poder saber más sobre los pacientes.

jueves, 2 de julio de 2015

American Psycho

Deliciosamente explícito.
"... El hacha le alcanza, en mitad de la frase, en plena cara y su ancha hoja le raja de un modo sesgado la boca, haciéndole callar. Los ojos de Paul me miran, luego se le ponen en blanco involuntariamente, luego me vuelve a mirar y, de repente, trata de agarrar el mango con las manos pero la sorpresa del hachazo le ha dejado sin fuerza. Al principio, no sale la sangre ni se oye nada a no ser los periódicos debajo de los pies de Paul, que patalean, se arrastran, los desgarran. La sangre empieza a salirle poco a poco por ambos lados de la boca, poco después del primer hachazo pero, cuando retiro el hacha (casi arrastrando a Owen fuera de la silla al tirarle de la cabeza) y vuelvo a golpearle en la cara partiéndosela en dos, sus brazos tratan de agarrarse al vacío y la sangre brota en dos géiseres parduscos, manchándome el impermeable. De hecho, esto viene acompañado de un sonido horrible, como un siseo súbito que procede de las heridas del cráneo de Paul, de sitios donde el hueso y la carne ya no están unidos y, a esto, sigue un desagradable sonido como de pedo originado por una parte de su cerebro que, debido a la presión, asoma, rosado y brillante, por las heridas de la cara. Cae al suelo agonizando con la cara grisácea y llena de sangre, si se exceptúa uno de sus ojos que parpadea incontrolable; su boca es una masa retorcida roja y rosa de dientes y carne y mandíbula, la lengua le cuelga por una herida abierta a un lado de la cara, unida solamente por lo que parece una espesa cuerda morada. Le lleva cinco minutos morirse del todo y otros treinta dejar de sangrar..."