sábado, 28 de junio de 2014

Razones para no tener hijos

- Lloran y molestan. Mucho.
- Comen y defecan. Mucho.
- Salen muy caros. Mucho, mucho.
- Son débiles, vulnerables, tienen enfermedades propias, tardan años en aprender a comunicarse y entender el mundo que les rodea… tanto es así, que tienen médicos específicos: pediatras.
- No conozco ningún otro ser vivo en la naturaleza que tarde más tiempo en independizarse de sus progenitores.
- Su cerebro se desarrolla constantemente durante sus primeros 20 años de vida. Tarda más que el resto del cuerpo.
- La sociedad actual les provee de tanta información durante sus primeros años que se saturan y no saben lo que quieren y les provoca desequilibrios mentales propios de edades adultas: depresión, falta de autoestima, irritabilidad constante,…
- Sus progenitores los sobreprotegen de lo que les rodea (consecuencia del punto anterior) y los sobrealimentan por lo que se producen desequilibrios físicos que afectarán al resto de su vida: obesidad infantil, anorexia adolescente, bulimia, operaciones estéticas,…
- El consumo indiscriminado (abuso) de alcohol y drogas se produce cada vez a más temprana edad, con las consiguientes consecuencias físicas y mentales.
- En los países tercermundistas la explotación infantil es habitual; para trabajar, para prostitución, para vender,…
- Las nuevas generaciones cada vez tardan más en aprender y sus capacidades de razonamiento decrecen con respecto a sus progenitores y antepasados, a pesar de la facilidad de aprendizaje que ofrecen hoy en día las nuevas tecnologías.
- Y todo lo anterior naciendo sanos y en una familia estructurada con posibilidades económicas. Como nazcan con alguna tara física o mental o en familias desequilibradas, todo (todo lo malo) se multiplica exponencialmente…
- A pesar de todo esto la población mundial sigue teniendo hijos en progresión geométrica y, teniendo en cuenta que los recursos naturales son cada vez más limitados (agua potable y alimentos), las generaciones venideras soportarán una vida más dura y segregada que las generaciones anteriores, con lo que su vida será más difícil y problemática.

¿Todavía quieres tener hijos?

martes, 24 de junio de 2014

Filosofando II: La Envidia

-Papá, siento envidia.
Mi hijo me desconcierta a veces y otras me exaspera. Desde su enclaustramiento en la habitación de este hospital, lo único que hace es mirar por la ventana y pensar. Menos mal que su mente está sana, no como su cuerpo.
-Dime hijo, ¿por qué dices eso? –le pregunto mecánicamente, ya que sé, quiera o no, que acabará por contármelo.
-Pues eso, que siento envidia, ese sentimiento superior del ser humano, el ser supuestamente superior de la naturaleza –dice sin dejar de mirar por la ventana.
-A ver, la envidia también se da en el reino animal, los animales también pueden sentir envidia de sus semejantes –le contesto después de analizar su disertación.
-“No es eso, papá, mi envidia es de otro tipo. La mañana es clara y desde aquí veo el jardín. La luz baña el paisaje, no hay sombras que difuminen los colores que permanecen puros, el sol da la vida y nuestro destino es mantenerla y compartirla. La hierba salvaje se alza danzando, es suave al tacto, así la recuerdo, no se queja, no padece, no llora, no ríe, no hace daño. Simplemente vive. Tratar de ser hierba es un pensamiento superior pero la claridad con la que vive sus días produce envidia, un sentimiento superior. Sentir, padecer, gozar, llorar, reír, hacer daño… son sentimientos superiores, nuestros, pero deberíamos envidiar la simplicidad de no tenerlos, ni siquiera los buenos. Nuestra vida debería ser simple y pura, como la de la hierba que pisamos y doblamos y quebramos pero, aún así, ella nos devuelve solo caricias, solo amor. Sin necesidad de sentir, vive y muere, crece y se desvanece, florece y se apaga,  solo a merced del viento y la lluvia, el calor y el frío.
El árbol que da frutos se parece a la hierba que lo rodea. No siente, no padece. Da frutos y espera los ciclos vitales de la vida. Las ardillas le hacen cosquillas pero no ríe, el sol quema sus hojas pero no llora. Doblado o lacerado no se queja. Su vida, larga o corta, a la sombra o al sol, es como la de la hierba que ve, estática y a merced de los elementos. Y cuando muere lo hace en silencio. O eso aparenta. Pero los gritos apagados de la hierba y del árbol son profundos, inaudibles pero continuos. Hablan y gritan, pero no los oímos. Nos transmiten sus sentimientos de la única forma que saben hacerlo: la hierba nos acaricia, el árbol nos da sombra y jugosos frutos y aún así ignoramos sus vidas salvo para nuestro propio beneficio. El campo merece ser escuchado, envidio su forma de existir, sencilla, sin complejos, sin frustraciones y sin maldad, ¿entiendes mi envidia? No envidio las posesiones de los demás o sus éxitos, ese es un sentimiento sucio y mezquino, propio de seres sucios, mezquinos y frustrados, seres superiores que son capaces de dañar a sus semejantes y a su entorno de forma voluntaria, envidio la sencillez de la vida de las plantas porque no tienen preocupaciones y viven solo como así se les ha indicado genéticamente. La envidia no es sana, eso es una expresión sin sentido pero envidiar algo sencillo como propio es más leve que envidiar situaciones, posesiones o logros de los seres semejantes en igualdad de condiciones ante la vida, por eso mi sentimiento ante el árbol, ante la hierba, es puro y sin maldad porque, en el fondo, sé que es una utopía, nunca podrá lograrlo un ser supuestamente superior en la escala de la Naturaleza y, en lo más profundo de mí, me alegra que así sea, me alegra que existan trazos de la vida imposibles de alcanzar para el ser humano, así permanecerán más puros.”

El silencio se adueña de la habitación haciendo que sus reflexiones sean más acertadas y profundas. Realmente estoy de acuerdo con mi hijo y lo miro y observo desde mi sillón, por el filo de la ventana, la copa de un árbol, el árbol del jardín que ve mi hijo. Imagino su vida y casi siento que me está hablando, contándome sus anécdotas y sus inquietudes. Lo siento muy cercano y comparo mi vida con la suya y aparece en mí un atisbo de envidia tal y como reflexionaba mi hijo. Entonces llaman a la puerta y entra la enfermera, la cena ya está aquí.

jueves, 19 de junio de 2014

Borges y la ecuación de Schrödinger

   Siempre vuelvo a Borges. Me veo envuelto en ciclos de lecturas que siempre acaban (o empiezan, según se miren) en Borges, sobre todo en los relatos cortos contenidos en El Aleph y en Ficciones, cada uno con una gran historia, un riquísimo vocabulario y bien surtidos de referencias literarias y científicas. Es bien sabido que a Borges le encantaban las matemáticas y la ciencia, en general. Ahí está el majestuoso relato de El Aleph con el tremebundo título “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto” donde se narra la resolución de un crimen por un matemático o “El Aleph” (letra hebrea que simboliza la cardinalidad, todo un mundo de infinitud) con gran profundidad estructural. Me llegan justo al alma. No hay que olvidar los “el inmortal”, “la espera”, “Emma Zunz”, “las ruinas circulares” y muchos etcéteras.
   Pero, en uno de esos ciclos de los que hablaba, me encuentro leyendo un magistral cuento titulado “el jardín de los senderos que se bifurcan” y, caigo en la cuenta en un momento dado, de que lo que trata de explicar el Maestro es la ecuación de Schrödinger (en castellano se escribiría mejor Schroedinger y si se ve escrito de cualquier otra forma que no sean las anteriores está mal) que revolucionó la física moderna. Tanto es así, que a esta ecuación se debe la famosa frase de Albert Einstein “Dios no juega a los dados”. La ecuación sirvió de base para lo que se conoce como física cuántica, de la que no voy a hablar. Aunque no es específicamente mi campo, trataré de explicar esta ecuación de la forma más llana posible.
   Es curioso lo vanguardista que era Borges en temas científicos ya que dicha fórmula salió a la luz a mediados de los años 20 del pasado siglo y el relato nombrado anteriormente data de los años 40, así pues, Borges estaba muy bien informado de esos temas a pesar de que no era científico.
   Técnicamente, dicha ecuación es una ecuación en derivadas parciales. No me voy a meter en berenjenales pero se admite la existencia y la unicidad de la solución, es decir, se puede resolver (hay ecuaciones en que no se da este caso) y la solución es única (resultados deducibles del teorema de Cauchy y el teorema de Picard). El problema suele ser que, la mayoría de las veces, dicha solución analítica no es factible de encontrar por lo que se recurre a aproximar dicha solución (teoría de aproximación y métodos numéricos. El que escribe daba clase de estas cosas raras).
   La ecuación, tal cual, contiene la variable compleja y cosas muy raras, la verdad, entre ellas una función de probabilidad, de ahí la frase de Einstein “Dios no juega a los dados”, ya que la probabilidad es una forma de azar (que se resume en un juego de dados o un juego de cartas) y se supone que la ciencia es exacta.
   Y aquí viene la interpretación de la ecuación y de la mecánica cuántica en general (la idea básica es la elección, lo que se llama Axiom Choice, axioma de elección): supongamos que estamos viendo en la televisión un partido de fútbol (en realidad, cualquier cosa es válida). En la imagen no siempre se ve todo el campo ni a todos los jugadores a la vez. Cuando la cámara se centra en una jugada donde un jugador corre por la banda a punto de centrar, por ejemplo, con la ecuación de Schrödinger podemos afirmar, taxativamente, que el resto de jugadores que no aparecen en la imagen no existen salvo cuando la cámara los enfoca a ellos. Es más, puedo afirmar que no tengo la exactitud de estar viendo un partido de fútbol en la televisión (o cualquier otro programa). Es más, puedo afirmar que la televisión no es una televisión aunque no puedo decir lo que es. Es más, con la ecuación en la mano, puedo afirmar que lo que me rodea, incluso cuando estoy escribiendo esto, no es lo que es sino que mi cerebro crea imágenes delante de mí que ni siquiera sé si son reales. ¿Cómo te has quedado?
   Esto mismo se concentra en lo que se conoce como “el gato de Schrödinger” que se resume muy fácilmente: supongamos que tenemos un gato metido en una caja donde hay un recipiente con veneno y otro recipiente radiactivo con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo predefinido. Si un contador Geiger (sirve para medir la radiactividad, todos deberíamos tener uno en casa) detecta radiactividad entonces el veneno se esparce y mata al gato. Pero, teniendo en cuenta la mecánica cuántica y, por ende, la ecuación de Schrödinger, pasado el tiempo preestablecido podemos afirmar que el gato está vivo y muerto a la vez (porque tienen la misma probabilidad, el 50%). La idea de la elección resulta en que si elegimos abrir la caja entonces sabremos si el gato está vivo o muerto pero si elegimos no abrir la caja el gato estará vivo y muerto simultáneamente. ¿Se entiende?

   Vuelvo pues a mi Borges querido. Espero que se haya entendido la forma en la que he explicado esta ecuación tan curiosa. No creo que haya por ahí una explicación más básica, ¡ni siquiera en wikipedia! aunque sí mucha información técnica que, sin una base adecuada, resulta aburrida y casi pedante. Este tipo de cosas siembran más dudas sobre la existencia del hombre e incluso sobre la propia existencia del universo que habitamos pero crean certezas sobre lo insignificantes que somos en la vasta inmensidad…

viernes, 13 de junio de 2014

Mis Relatos

   Inspirado por mi admirado Borges y, tal y como hace el maestro en sus libros de cuentos y relatos cortos, paso a describir muy brevemente todos y cada uno de mis relatos que se encuentran en el menú “Desplegables” de este blog. Creo que consigo así una buena aproximación a la escritura que más me atrae, la narrativa corta. Incluyo un cuento para niños en dos versiones. Casi todos estos relatos, salvo el cuento para niños, son narrados en primera persona para que el lector se sienta protagonista de lo que lee. De esta forma el lazo que me une con el lector se acentúa.

   `La Huida´ sobrecoge y tiene un final demoledor e inesperado. `Interior´ y `Dolorem Animi´ (dolor del alma) son relatos profundos y con una temática compleja que conviene leer de frase en frase para ir entendiendo poco a poco su significado. `Poeta´ es una pequeña poesía que escribí en un momento de gran inspiración y cuya explicación es casi más larga que ella misma. La siento muy mía. `Apátrida´ es una triste historia no necesariamente irreal como lo son los otros relatos. `Nostalgia y Mar´ junto con `Sueño´ son dos historias muy parecidas, la primera atemporal y la segunda levemente ambientada en la floreciente Babilonia en su máximo esplendor. `Tú y Yo´ es un relato inspirado por una humeante taza de té caliente en una fría tarde de invierno. `Un Cuento para Niños´ se escribió primero en su versión XXX y tuve la valentía y la gran fuerza de voluntad de reescribirlo en su versión light. Ni que decir tiene cuál es la versión que más me agrada. Dejo para el final el relato que más me gusta, si bien todos y cada uno de ellos forman parte de mi por lo que no podría justificar más uno que otro. Simplemente `La Mecedora´ me lleva a tiempos anteriores, nostálgicos aunque felices, con gratos recuerdos, esos que siempre permanecerán en la memoria.
   No escribo para que el público me lea, escribo para expresar ideas, sentimientos o situaciones que me vienen a la mente. Si, además, hay lectores interesados en leer mis relatos, entonces me llena de satisfacción. Pero si, además, a esos lectores les gustan mis escritos, estoy doblemente satisfecho y agradecido, por tanto, gracias.

martes, 10 de junio de 2014

Filosofando: el Bien y el Mal

-Papá, estoy enfermo.
Mi hijo no sabe discernir lo que sucede fuera de estas cuatro paredes. Vive enganchado a una máquina en la habitación del hospital prácticamente desde que nació. Esta habitación es mi segunda casa, bueno, se podría decir que mi primera casa puesto que a la verdadera solo voy a cambiarme de ropa. Desde aquí voy directamente al trabajo y después vuelvo aquí. Es una rutina que te va comiendo por dentro pero que no puedes dejar de hacerla. Mi mujer murió hace dos años de cáncer, nada se pudo hacer. Antes nos turnábamos para estar con nuestro hijo pero ella se cansó. Ella no pero su cuerpo sí. Fue un duro golpe y ahora estoy yo sólo, deambulando como un zombi por mi vida que en realidad es la de mi hijo y la de este hospital. Me conocen en cada rincón de este edificio pero no hablo con nadie, no quiero hacer amistades aquí, tan solo vengo para estar con mi hijo, no busco nada más de este hospital.
Me ha resultado un poco extraño que me dijera eso, él ya sabe lo que padece y tiene conciencia de lo que es su enfermedad y que estará por el resto de sus días postrado en una cama y atado a una máquina.
-¿Qué te sucede, hijo? –le pregunto casi mecánicamente sin levantar la vista del libro.
-Tengo cáncer –me dice al tiempo que vuelve la cabeza para mirar por la ventana.
-¿Cómo que tienes cáncer? ¿A qué te refieres con eso? Tú no tienes cáncer, tu enfermedad es…
-Ya sé cuál es mi enfermedad –me dice sin dejarme acabar la frase ni dejar  de mirar por la ventana.
-¿Entonces? –le respondo con algo de preocupación-. Explícate, hazme el favor.
-Mira, mis conocimientos médicos son muy limitados y me he dado cuenta que mis limitaciones no solo son a nivel físico, realmente evidentes (se ríe), mis conocimientos, en general, son muy limitados, porque se basan en los libros que te pido o que me traes sin que te los pida pero no puedo asegurar si esos conocimientos adquiridos a través de los libros son la verdad absoluta o una mentira que se cuenta y que ha de creerse por el mero hecho de estar escritos en los libros. A lo que me refiero es a que la experimentación es clave para adquirir conocimientos pero esta sociedad, la sociedad en la que vivimos como esclavos, sí, esclavizados por los horarios y las normas, a veces absurdas y otras veces muy absurdas, no nos permiten sacar lo mejor de nosotros mismos. Por eso tengo cáncer, pero mi cáncer no crece dentro de mí, proviene de fuera, de lo que me rodea porque la información entra en mi pero no sé si está corrompida o es pura y no tengo posibilidad de saberlo porque el hecho de intentar saberlo ya interviene en lo sabido por lo que no es posible. Mira, acabo de aplicar, sin querer, el principio de incertidumbre de Heisenberg. La ciencia es la única que es pura aunque, a veces, hasta dudo de ella.
Lo miro con algo de perplejidad. Sé que mi hijo es muy inteligente pero nunca había referido tales afirmaciones, ni siquiera sabía que le preocupaba la sociedad, esa en la que no puede vivir. Tardo unos segundos en reaccionar mientras él sigue con la mirada perdida en la ventana, sin mirar nada en concreto.
-Hijo, ¿a qué viene todo eso? ¿Qué te preocupa?
-Todo, papá, me preocupa todo y todos y no puedo hacer nada pero la cuestión no es si yo puedo o no hacer algo al respecto, la clave es si alguien puede hacer algo.
-Bueno, las personas hacen cosas en sus vidas que aportan a nivel general, y no necesariamente esas cosas que aportan o sus acciones son buenas, pueden ser malas.
-¿Te refieres a los que matan, por ejemplo?
-Sí, puede ser, no aportan nada bueno pero lo que aportan les sirve a otras personas para intentar que no ocurran asesinatos.
-Estás diciendo implícitamente que sí aportan algo bueno porque ayudan a otras personas.
-Pero supongo que piensas que matar a un semejante está mal.
-Sí papá, eso no es bueno, pero está claro que cuando las personas tienen conocimiento de lo que supone matar o ser un asesino, entonces se comportan o comienzan a comportarse, puesto que esto se produce, digamos, en la etapa de crecimiento y de toma de conciencia de las cosas, de tal forma que valoran más la vida de las demás personas que les rodean, por lo que los asesinos aportan cosas buenas.
-Vaya, visto así, tienes parte de razón –le digo pensativo.
-Parte no, tengo toda la razón, es evidente.
-¿A dónde quieres llegar con todo esto?
-Pues a que hagas lo que hagas en tu vida, siempre aportarás cosas buenas que les servirán a los demás, por tanto, el bien y el mal son la misma cosa, el mismo concepto primitivo.
-Eso es imposible hijo, quítate esas ideas de la cabeza.
-Papá, ¿dónde falla este razonamiento? Está claro que el razonamiento, partiendo de la base, es correcto, ¡me has dado la razón!
-No sé, me estás dejando sorprendido, hijo.
-Falla en la sociedad en sí, porque está corrompida y mal construida. Si el bien es igual que el mal como conceptos básicos, el bien que se hace y el mal que se hace, en reflexivo, sin personalizar, se hacen en el entorno de la sociedad en la que vivimos por tanto, si dos conceptos totalmente contradictorios acaban siendo iguales, lo que falla es el marco en el que están basados. Por eso mi cáncer viene de fuera de mí, pero tranquilo papá, no moriré de eso.

Sin dejar de mirar por la ventana y con mucha tranquilidad, mi hijo me ha dejado sin palabras, sentado en el sillón que ya considero mío, en esta habitación de hospital que ya consideramos  nuestra. Y se hizo el silencio y nos quedamos los dos pensativos. A los pocos minutos la enfermera llama a la puerta. La cena ya está aquí.

domingo, 8 de junio de 2014

¿Qué le pasó al cántaro?

   Dicen los que entienden, que esta vida es corta pero siempre hay tiempo para ser primerizo en algunas lides de las que uno se piensa que es Julio César cuando pronunció su eterno `Veni, Vidi, Vinci´ ante el Senado Romano.
   La noche del sábado 7 de junio se presentaba bochornosa, sin viento, árida y reseca al principio. Ideal para plantearse correr 73 kilómetros, la mayor parte por el campo. Aún así, tomamos la salida desde la población de Molina de Segura unos 800 corredores, cifra más que considerable para afrontar esa distancia. Empecé con mi energético Ángel Reche, mi compañero de Almería en las largas distancias, a un ritmo casi cabecero, por debajo de 5 min/k pero era solo para librarnos de las lógicas aglomeraciones de las salidas en masa de las carreras. En cuanto vimos el terreno despejado aflojamos, obviamente, hasta conseguir un ritmo cómodo y llevadero para afrontar las decenas de kilómetros que nos quedaban. El paisaje era muy parecido al del campo de Almería: desértico, húmedo y pegajoso conforme declinaba la luz natural. Los últimos retazos de sol se negaban a desaparecer y, a veces, era muy incómodo por estar siempre en frente. Hasta que vimos una bonita puesta de sol e íbamos preparándonos para las muchas horas que iríamos iluminados simplemente con el embudo de luz que desprende la luz frontal de cada corredor. La ventaja es que dejábamos de sudar y se agradecía algún que otro airecillo, ideal para refrigerar los motores. Así iban pasando los kilómetros cómodamente y la multitud de avituallamientos.
   Llegó, ya con noche cerrada, un momento de inflexión: mi compañero decide que tiene que hacer una parada `técnica´ y se adelanta hasta que lo pierdo de vista y, al cabo de unos minutos, decido que debo parar también. Tanta agua bebida hidrata pero el exceso hay que expulsarlo. Con estas cosas, ya no sé si mi compañero va delante o detrás con lo que ya, cada uno, afrontaría en solitario lo que quedaba. La próxima vez que lo vi fue en el vestuario del pabellón de meta.
   Al cabo de poco rato comienzo a tener dolores en los tobillos y los talones, de los dos pies. Aflojo el ritmo e incluso tengo que echar a andar y, por desgracia, veo que no disminuyen. Mal presagio. Creo que iba por el 25k, demasiado pronto para tener esos dolores tan fuertes de repente y el exceso de asfalto durante la carrera (me esperaba mucha más pista o zonas de tierra) me perjudicaba bastante. A partir de ahí, el planteamiento de la retirada comienza a ganar puntos porque no llevaba ni la mitad del recorrido y veía que esos dolores no se iban a aplacar. De piernas iba bien pero los talones no podía ni apoyarlos ni estando parado y cada paso era una tortura.
   En el avituallamiento del 30k tomo la firme decisión de abandonar, el  primer abandono de mi vida deportiva. Ya no me siento como Julio César ante el Senado Romano. Y ahora, ¿cuál es el protocolo que sigue un corredor cuando decide abandonar una carrera?, ¿cómo se hace? Por circunstancias, no puedo abandonar en el 30k y decido seguir, arrastrándome y dándome vergüenza a mí mismo, hasta el siguiente avituallamiento del 35k. Nuevamente, por circunstancias, no puedo hacerlo y decido ir, como pueda hasta el 41k (distancia de maratón. Aquí hacía frío por lo que me blindo con una camiseta de manga larga y todos me miran pensando que ojalá ellos hubieran llevado una en la mochila) y, sucesivamente, hasta el avituallamiento del 51k en el pueblo de Bullas donde ya no puedo dar un paso más y me tiro al suelo, me quito las zapas y pongo las piernas en alto hasta que alguien recoja lo que queda de mí. Los tobillos me arden y los tengo hinchados. Solo tocarlos con los dedos me produce un dolor espantoso… A los pocos minutos aparece un chaval muy majete de la organización para interesarse por mi estado por si necesito un médico y le comento que estoy bien de tobillos hacia arriba y que quiero abandonar. Muy amablemente me responde que si estoy seguro y me reafirmo en mi decisión y simplemente me dice que le entregue el chip y oficialmente me da de baja en la carrera, así de sencillo, y que espere un momento que tiene que consultar el modo de evacuarme. Ni un minuto tardó en decirme que ya había un vehículo disponible para llevarme a meta y, ni corto ni perezoso, me subo y nos vamos. Se acabó mi carrera-tortura. Me encontraba tan bien físicamente, salvo los pies, que fui todo el trayecto dándole conversación al conductor de Protección Civil para que no se durmiera. Serían las 03:00 am, aproximadamente.
   Ya en meta me seguían doliendo los tobillos y ni la relajante ducha me liberó del dolor. Al poco rato veo que llega triunfante mi amigo Ángel, yo saliendo y él entrando al vestuario. Su tiempo: 7h51, impresionante. Se interesa por mí, yo por él y nos damos un abrazo: “ala, ve a ducharte que te espero ahí fuera con el bocadillo y una cerveza”.
   La vuelta a casa fue tranquila y al día siguiente, hoy, sigo con dolores aunque un poquito menos. Mi compañero me comentó que las zapas quizás no fueron las adecuadas o, lo más factible, que la amortiguación se haya endurecido por el paso de los años y las carreras y entrenamientos y ya no cumpla su cometido como antes. Gran fallo mío.

   En resumen, no me arrepiento de haber corrido, ni de haber abandonado. Creo que hice lo justo en cada momento y la dura decisión fue la más acertada aunque no la deseada. De todo se aprende, incluso de la primera vez.
Por cierto, el cántaro se rompió de tanto ir a la fuente.

martes, 3 de junio de 2014

El reto ya está aquí

   En este blog no voy a hablar de carreras salvo casos excepcionales como el que me ocupa. No me gusta hablar de mí y cuando lo hago en persona con los amigos soy muy consciente de ello y trato de cambiar de tema sutilmente para no ser el centro de atención salvo que me encuentre muy cómodo en una conversación. Dicho ésto, a continuación hablaré un poco del reto murciano y trataré de resumir los meses de fijación mental que siempre requieren estas aventuras.
   Faltan pocos días para el mencionado reto de los 80k de la Vía Verde de Murcia. Bueno, nos lo han dejado en 73k a última hora por problemas logísticos pero sigue siendo una carrera – aventura. Tiene la salida a las 20:00 pm del sábado por lo que tendremos menos de 2 horas de luz natural y correr con la luz del frontal hay que haberlo entrenado porque no es fácil concentrar la vista únicamente en el embudo de luz que ofrece. No me gusta ir con accesorios y, como habrá la friolera de 17 avituallamientos (cada 4 - 7k, según la organización), no será necesario llevar la gran mochila cargada con agua, comida y demás parafernalias. Optaré por una mochila muy pequeñita en la que cabe lo imprescindible: frontal delantero y trasero para no llevarlos puestos desde la salida, pilas nuevas, unos calcetines de repuesto y una camiseta de manga larga por si me da frío de madrugada. Lo demás es correr. La clave de este tipo de pruebas está en alargar lo máximo posible el momento de echarse a andar, que llegará. Mi momento crítico en distancias largas suele estar en el intervalo 50k - 55k. Hasta ahí puede que me surja algo raro pero a partir de ahí sé que iré en piloto automático y, mentalmente, la meta estará muy cerca.
   Desde mediados de enero he tenido algunos problemas de gravedad media como fuertes dolores en los tobillos, incluso en reposo, las rodillas tocadas y mis clásicas ampollas en los pies y me preocupa lo de las articulaciones porque su curación no es fácil. De hecho, sigo con molestias en la rodilla derecha, concretamente la llamada `banda iliotibial´ y se debe al entrenamiento a velocidades lentas que conlleva a un excesivo tiempo de apoyo de los pies en el suelo pero, evidentemente, para una prueba de 73k no se puede entrenar como si fuera un 10k o una media aunque la mayoría de mis entrenamientos han sido de este tipo por lo que para los 73k no sé cómo van a reaccionar mis piernas. Los entrenamientos desde febrero los he realizado conforme a lo que más me doliera ese día, lo que moralmente es muy angustioso y un poco desesperante pero no podía hacer otra cosa. Para más inri, el médico me detectó un problemilla en el corazón…
En el ultra de Tabernas de 67k tuve problemas en la rodilla derecha durante toda la prueba y, aún así, la acabé en 9 horas. Teniendo en cuenta el terreno, las subidas y el viento siempre de cara, creo que fue un buen crono.
   Para los 73k espero, en primer lugar acabar, en segundo lugar no lesionarme o no agravar lo que ya tengo y en tercer lugar, por fijar un objetivo realista y razonable, si se puede, bajar de 10 horas, es decir, llegar a meta sobre las 06:00 am, al filo del amanecer del domingo.

   Mentalmente soy mucho más optimista que hace incluso pocas semanas y mi principal objetivo es acabar sin lesionarme y disfrutar de una extraordinaria experiencia, aunque nos hayan quitado 7k de los 80k iniciales.
   La semana que viene contaré cómo me ha ido pero sin extenderme mucho, hay cosas más importantes por el mundo.

domingo, 1 de junio de 2014

Si pudiera...

Si pudiera…
… volver atrás a mis años de estudio, intentaría por todos los medios ingresar en el MIT (Massachusetts Institute of Technology – instituto tecnológico de Massachusetts) para aprender a descifrar el mundo y contribuir a mejorarlo.
… viajar en el tiempo, me hubiera gustado conocer en persona a Jesús de Nazaret como figura histórica.
… viajar en el tiempo, hubiera hecho todo lo posible por ser alumno de Platón.
… viajar en el tiempo, escucharía a Mozart de niño tocar el piano.
… viajaría junto al Voyager 1, el artefacto fabricado por el hombre más lejano que existe, fuera ya del Sistema Solar, y conocería mundos y estrellas durante el resto de la eternidad.
… reencarnarme, querría ser un insecto volador.
... entraría en la biblioteca vaticana para ver sus archivos secretos y recorrer sus pasillos tomando en las manos los libros prohibidos, un mundo de conocimiento oculto y misterioso.
… descifraría el manuscrito Voynich para contar qué maravillas esconde.
… tener contacto con extraterrestres más desarrollados que los humanos, querría irme con ellos.
… ir al cielo, comprobaría que está vacío.
… ir al infierno, inspiraría a Dante.
… ser inmortal, no querría serlo.
… tenerlo todo, probablemente no tendría nada.
… jugaría al ajedrez con Dios.

… intentaría ser más feliz.