martes, 22 de marzo de 2016

Tiempos Modernos



   Parafraseando ese maravilloso film del inmortal Chaplin, qué duda cabe que corren tiempos modernos. Algunos destacables que recuerdo, comienzan a finales principios de los años 80, concretamente el 23 de febrero de 1981. Aquel día pudo cambiar la historia de España y ser muy diferente a como es hoy en día. Afortunadamente, lo que comenzó unos años antes no se interrumpió y triunfó la cordura y la lógica. Yo volvía del colegio y recuerdo que mi padre estaba ya en casa viendo la televisión. Le pregunté la razón de que estuviera tan pronto en casa y simplemente me respondió que había salido antes de su hora. Conforme pasaron los años fui tomando conciencia de lo que sucedió y de lo que no llegó a suceder ese día.
   A finales de los años 80, en 1989, volvió la luz a Europa del Este después de décadas grises y en penumbra: la caída del muro de la vergüenza, el muro de Berlín, fue un hecho. En occidente no se vio como un logro significativo porque apenas afectaba a la vida diaria de los ciudadanos medios pero, evidentemente, fue un acontecimiento histórico de máxima importancia. Los periódicos de tirada nacional contaban los avatares de tal logro y la enorme cantidad de información oculta de los llamados países-satélite comenzó a aflorar y se respiraban tiempos de libertad y profundos cambios en las naciones comunistas.
   Poco tiempo después, en 1991, tuvo lugar la invasión de Kuwait por el régimen de Irak, lo que provocó la Primera Guerra del Golfo. Lo más destacado fue que se televisó en directo, por primera vez en la historia de la humanidad, un conflicto armado. Yo estaba, por aquel entonces, en el último curso del instituto y pasaba algunas noches en vela viendo y escuchando la CNN y al entrañable periodista Carrascal, narrar cual película, los bombardeos y escaramuzas que se libraban en un país que se me antojaba muy lejano. Después de cada noche informativa, discutía con los empollones de mi clase sobre la contienda. Fue una guerra peculiar.
   Desde aquellas épocas han sucedido importantes acontecimientos que me han hecho recapacitar en que vivimos tiempos de cambios profundos a nivel mundial, cambios que influyen en nuestra forma de vida y en nuestro entorno más cercano, y todo ello desde hace poco más de 30 años…
   Siguiendo un orden cronológico, el siguiente eslabón de ese cambio se produjo poco tiempo después con la brutal irrupción de internet en el ámbito doméstico, profesional y educativo. Hasta mediados de los años 90, el uso del ordenador personal estaba restringido a profesionales cualificados, uso militar y, tímidamente, comenzaba a tener cierta repercusión el PC (personal computer) a nivel privado y de ocio. Recuerdo mis primeros años de universidad recurriendo a la recién nacida internet para buscar, ampliar y contrastar información relacionada con mis estudios y las posibilidades que ofrecía y ofrece el mundo virtual de aquel entonces y de hoy en día. En esa época comenzó a gestarse un nuevo nicho de negocio: las empresas tecnológicas que hoy se disputan la cima de las corporaciones más poderosas a nivel mundial.
   Poco tiempo después, llegó la fatídica fecha que siempre quedará grabada con las imágenes del telediario de las 15:00 horas del 11 de septiembre de 2001: el desplome de las Torres Gemelas de Nueva York y el ataque al Pentágono. Cualquier persona mayor de edad recuerda dónde estaba ese día y qué estaba haciendo a esa hora. El caos, la confusión y la impotencia hicieron tambalearse al mundo civilizado. Nada sería igual después de ese día; un nuevo orden mundial comenzó y, aún hoy, sigue estableciéndose.
   Dos años después dio comienzo la Segunda Guerra del Golfo, esta vez con poca repercusión mediática. El derrocamiento, captura y ajusticiamiento del dictador Sadam Hussein fue lo más llamativo de esa guerra relámpago, seguida en directo y mayoritariamente, ya a través de internet.
   El 11 de marzo de 2004 también fue marcado con una “x” en los calendarios, sobre todo los españoles: los atentados terroristas en Madrid. El terrorismo religioso comenzó a verse como una amenaza global, un nuevo modo de guerrear a escala mundial. Ese día fue la primera vez en mi vida en que me sentí amenazado porque comprendí que nadie está exento de sufrir un ataque terrorista, esté donde esté, una macabra lotería en la que cualquiera puede ser el afortunado.
   Tres años después, a mediados de 2007, se dio a conocer la crisis mundial que desplomó las bolsas internacionales y que arrasó los mercados laborales, sobre todo el español. En 2016 aún perduran sus efectos.
   En 2013 sucedió un acontecimiento personal muy relevante que marcó un antes y un después en mi evolución en este mundo y que recuerdo día tras día.
   A comienzos de 2014 nació un nuevo modo de vivir y, por encima de todo, de matar a escala global, difundido a través de las llamadas redes sociales e internet, un reino de terror que tuvo, hasta ahora, su clímax en los atentados de París de finales de 2015. Uno tras otro, ya no resultan tan asoladores pero están ahí. Esto trajo consigo los mayores movimientos humanos de la historia desde la Segunda Guerra Mundial, con graves problemas logísticos en Europa que hacen tambalearse el estado de bienestar del Viejo Continente.
   Y en 2016, se produjo un hecho muy destacable que cierra un ciclo en América Central, un ciclo de casi 50 años: Cuba y USA se dan la mano en pos de un futuro mejor y de cooperación de ambos pueblos.
¿Qué sucederá en los próximos años y en las próximas décadas? Esperemos que se den acontecimientos esperanzadores y positivos para la humanidad en vez de esos puntos de inflexión que hacen que, echar la vista atrás buscando nostalgias, a veces se conviertan en desagradables encuentros con nuestros propios recuerdos.

domingo, 13 de marzo de 2016

Veo Auras

   Un nuevo relato titulado "Aura" en la sección correspondiente de la columna de la derecha, describe cómo veo a algunas personas. En muy determinadas ocasiones he percibido esas auras en plenitud, puesto que, casi siempre, suelen ser imperceptibles, tanto las 'buenas' como las 'malas'. Con todo y con ello, la ecuación de Schödinger se cumple, al menos en mí.